CÍRCULO POLAR.

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                                                                                                             “Siento haber sido tu diablo azul                                                                                                               tu enemigo fiel ahora tabú                                                                                                               siento en mí ultrasonidos de                                                                                                               algo que olvidé viendo llover.”

                                                                               (“Los Amantes del círculo Polar”- La Oreja de Van Gogh).

 

     Fuimos rugido, dulzura y temor.

    Nos encontramos en el Ártico sin conocer nuestra polaridad, tú eras más de fuego y yo llevaba demasiado Norte vagando por las venas.

     A mí me  atraía ese calor que desprendías al arropar mis manos congeladas y a ti te parecía gracioso que mis pies fríos rozasen tu piel cada noche en busca de cobijo.

     Nunca me había sentido más completa, me cegué, tanta luz no me dejaba ver la letra pequeña del contrato que me hiciste firmar al regalar tu primer (te quiero).

   Al pasar el tiempo observé cierto cambio en tus ojos, perdieron su calidez y se volvieron gélidos,  los veranos contigo pasaron a ser inviernos tormentosos, ya nada nos unía y yo seguía aferrándome a la idea de un “nosotros” como una niña pequeña a su muñeco viejo.

    Cambiaste nuestras noches de cine por filmar unos ojos que ya no eran los míos, dedicabas canciones sin sentido a relaciones de corta vida para no sentirte tan frío.

     Yo volví a recuperar mis inviernos, me convertí en un oso polar, resistente a cualquier ataque glaciar  y perdí la fe en ti.

    Hoy en pleno diciembre algo interrumpe mi proceso de congelación, eres tú, pidiéndome calor con un (te echo de menos) sumado a ( y si volvemos).

–          Pues bien, te diré que tus mentiras transformaron mi confianza en algo frágil y mi dulzura en una crueldad demasiado resistente, que todo eso que me unía a ti ahora esta helado.

 

    En cuanto al corazón… lo dejé invernando, bombea hielo a duras penas, se ha vuelto frágil y me ha recordado que debo tener cuidado con los polos opuestos, que aunque estos se vean atraídos, su toxicidad siempre será permanente.

    Respecto a volver, lo siento, me di cuenta que el calor que desprendías era demasiado débil para la fortaleza de mis inviernos.

 

 

                                                                  Fue bonito…mientras duró.

María Carrasco  (Efímera_Eme).

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